El debate sobre la cantidad de azúcar recomendable gira en torno a un hecho contundente: lo ideal es evitar los azúcares añadidos siempre que sea posible. Organismos internacionales sugieren no superar 36 gramos al día para hombres y 24 gramos para mujeres, cifras que equivalen a unas cuantas cucharaditas de azúcar.
Sin embargo, el verdadero desafío está en el azúcar que no vemos. Muchos productos de uso cotidiano contienen azúcares añadidos que elevan nuestro consumo sin darnos cuenta. Las bebidas vegetales, los yogures de sabores, las barritas de cereales, las salsas preparadas, los panes industriales o incluso las galletas integrales pueden aportar varios gramos en cada porción.
Para tener una idea, un menú aparentemente equilibrado puede acumular más de 80 gramos de azúcar añadido si incluye zumos envasados, yogures azucarados, barritas energéticas o salsas comerciales. Esto multiplica por cuatro las recomendaciones, a pesar de que no se trate de bollería o refrescos evidentes.
¿Cómo actuar? La clave está en revisar las etiquetas, elegir alimentos con la menor cantidad de ingredientes procesados y optar por versiones naturales. Preparar en casa panes, galletas o salsas permite controlar el azúcar añadido. Sustituir los postres industriales por fruta fresca o un puñado de frutos secos también ayuda a reducir el consumo sin renunciar al sabor.
Incorporar estos cambios de forma gradual favorece un paladar menos acostumbrado al dulzor y, con el tiempo, disminuye la necesidad de azúcar en nuestras comidas. Recuerda que son los hábitos repetidos los que marcan la diferencia en el largo plazo.